La moda como concepto de apropiación está cada vez más presente en la rutina, la comida, la música y por supuesto, la estética. Últimamente el sentimiento de “hacer parte de algo” se ha intensificado mucho más. Si bien es cierto que un porcentaje de la sociedad sigue sin cuestionamientos algunas microtrends, es importante reconocer que la esencia de lo que fuimos ha tomado su propia voz en el presente. Ha sido tan fuerte el reconocimiento de nuestros antepasados, sus colores, la flora, la fauna e incluso, simbologías colombianas que muchas marcas han transformado toda esta información a un idioma más digerible y sensorial para su ADN por medio de colecciones, campañas y editoriales.
Ha sido un mix & match entre el sistema moda y los intereses compartidos, los cuales tienen como resultado un sentido de pertenencia en común, lo cual potencia el mercado local. La moda es un pilar tan presente en la cotidianidad de nuestra cultura que el nicho de “compra local” ahora es igual de grande que cualquier otro masivo.
La deconstrucción de la identidad cultural
Acabamos de vivir un momento muy específico, el mundial de fútbol, en donde se exteriorizó toda la fiebre que contenía mediante la triada: moda, fútbol y música. Este acontecimiento fue redirigido a un gusto más común y completo, lo que antes era considerado en su mayoría por “el deporte de los hombres” se transformó en la unión de todas las partes. La moda hizo presencia gracias a la redirección simbólica que algunas marcas le dieron al uniforme de la federación colombiana. Reinterpretando los colores, el estilo del deporte y el cómo por medio del diseño florece la identidad de cada marca y/o diseñador.
Sí algo es cierto es que la moda nunca esconde nada, siempre se acomoda a la situaciones, ya sean sociales, económicas y políticas del momento. Lo ha hecho en periodos de guerra, pobreza, riqueza, división, inhibición femenina, revoluciones y ahora, en épocas de cambios tecnológicos, medio ambiente y eventos mundiales.
La Colombia que se viste de historia
Estamos de acuerdo que Colombia está llena de biodiversidad, colores infinitos, olores que vienen de la tierra, sonidos que componen los ánimos y sabores que nutren y representan el hogar. Pero más allá de la semántica, y las cosas que disfrutamos al crecer es importante que este momento en la moda no sea redirigida a una tendencia de tres meses; ni que la intención sea reestructurar demasiado nuestra estética al punto de no reconocerla. La importancia del sistema moda es que en cierta medida las marcas, personalidades e incluso consumidores tienen el poder y la capacidad de manejar por cual camino conducir nuestras simbologías ante el mercado y el mundo.
Un tema importante es la consciencia social y cultural, es agradable apoyar aquello que para otras nacionalidades es interesante, nuestra cultura colorida y demás características que nos hacen ser lo que somos. Pero también hay un pilar fundamental, el cual es la base de que se haya formado lo que ahora conocemos: la raíz, la historia, las voces. Nuestras artesanías no existen porque si, tienen una razón y muchos significados. Es adentrarnos en “¿por qué estos colores? ¿Por qué estas texturas? ¿Por qué estas historias?” Conocer nuestros dolores y luchas, al igual que nuestras fortalezas y batallas vencidas. De esa manera además de utilizar una prenda o un accesorio “colombianizado” se entiende el porqué se utilizan las ornamentaciones, los materiales y los argumentos. Además de ser el punto de partida para las inspiraciones de cada colección.
Colombia a través del Bumangués
En la moda Santandereana existen marcas que profundizan -cada una a su manera- la esencia del ser colombiano. A través de sus colecciones han detallado a que les sabe el país, a que les huele, que les hace sentir; además de reinterpretar la simbología de la flora y la fauna de nuestras tierras. Marcas como Ale Ardila que exteriorizan los colores, los prints y los mosaicos que componen una estética que se ve distinta pero se siente igual que siempre. Por otro lado Cinco x Ciento ha estado presente con un fit más nostálgico, una historia que inspira y conecta con lo que fuimos en la tierra que amamos. Bohor, ha estado presente hace un tiempo con colecciones como Cool-ombia que toman pedazos de lo que el ojo reconoce como “de aquí” y lo mezclan con un estilo más chic.
Hay marcas que van más allá del diseño: cuentan historias y despiertan emociones, Alicia Wonderland lo logra introduciendo un concepto de barrio y complicidad que muchos añoramos y su más reciente colección +57, que celebra nuestras raíces, cada par nos conecta con un sentido de pertenencia que se lleva con orgullo, recordándonos que nuestras historias también se pueden vestir. Y los que siempre han sido, Populachos, una tienda de diseño colombiano que representa desde las comidas hasta nuestros dichos y cualidades de jerga. Estas y más marcas tienen productos diferentes, pero comparten algo en común en base a sus conceptos y últimas colecciones: generar una relación significativa entre su consumidor y el valor local, en donde el diseño encarna historias de una ciudad, de un país o de una comunidad.
Se reconoce el valor y atrevimiento de estas marcas al dirigir conceptos “tradicionales” y transformarlos en piezas llenas de color, de sabor, de emotividad y despertar un sentido de pertenencia y de valor a lo propio. De tomar elementos que han formado parte de nuestra tradición y convertirlos en un producto deseado. La expectativa de esta ola de dignificar y llevar con orgullo lo que ya nos pertenecía, ya sea de identidad latina, colombiana e incluso santandereana no se quede sólo en una estrategia del sistema, sino también contenga una expresión ética y profesional para con la industria y su comunidad. Santander ha estado muy presente en acoger lo que siempre ha sido de nosotros, marcas y diseñadores talentosos que exponen las bellezas del país. Ha sido un buen inicio y queremos ver qué más se desarrolla después de estas colecciones.
En otras palabras, esperemos que este “todos quieren ser latinos” no perjudique el lente con el que vemos nuestras propias riquezas. No es exponerlas ni saturarlas, es intensificar y aprender sobre lo que significan en un país como Colombia, para que ahora la industria nos reconozca como un país hermosamente diverso y talentoso. Y ojo, no lo somos porque otros ya lo reconocen, siempre lo hemos sido y lo importante es reconocerlos nosotros mismos, los que ya han estado aquí, los que se han marchitado y florecido en la misma tierra.
